miércoles, 24 de enero de 2007

Nota de Opinión


Una alternativa para el cambio

En los últimos años, ha surgido un consenso internacional respecto al cambio climático que manifiesta que seguir como hasta ahora no es una opción válida y que el mundo debe cambiar a una economía basada en energías limpias. Algunos argumentan que afrontar el cambio climático es un reto desalentador y que el cambio es, en cierto modo, demasiado costoso para las economías y la industria. En este dilema, la energía eólica es una de las mejores alternativas como respuesta al estancamiento y la inacción: es una poderosa fuente de energía global, accesible y viable que es capaz de sustituir a los combustibles fósiles y otras fuentes contaminantes.

La energía eólica es una de las opciones energéticas limpias más competitivas que existen en la actualidad y su desarrollo es vertiginoso en todo el mundo. Su crecimiento global en los últimos 5 años ha estado en un promedio de más del 32 por ciento, muy por encima del resto de las fuentes energéticas.

No solo supone una solución a graves problemas ambientales como el calentamiento global, la contaminación y los residuos generados por otras fuentes de energía, si no que su desarrollo trae aparejados importantes beneficios para la sociedad en términos de generación de empleo y activación de diferentes sectores industriales.
La energía eólica es una herramienta poderosa para el progreso sustentable. Su desarrollo debería ser adoptado como una prioridad energética a escala nacional. El medio ambiente, la industria y la economía pueden obtener beneficios notables a través de un proyecto viable.
No obstante, estas ventajas están generalmente aún sin explotar. La mayoría de las decisiones en materia energética que se toman actualmente no contemplan la energía eólica, y ésta enfrenta aún muchas barreras y obstáculos.
Un claro ejemplo de esta realidad es la situación de nuestro país. Casi no hay parques eólicos, los desarrollos tecnológicos en el rubro son incipientes, los precios artificialmente bajos de la electricidad impiden que brote una industria eólica argentina, y al mismo tiempo frenan el desembarco en el país de fabricantes extranjeros. Y eso se debe a dos factores: todavía el mercado eléctrico nacional paga muy poco el megavatio hora, de modo que para los generadores privados la opción eólica no les resulta atractiva. Por otra parte, los incentivos nacionales y provinciales que premian la generación eólica no alcanzan para volver interesante este precio.
Sin embargo, la disparada internacional de los precios gasíferos y petroleros, y el hecho de que el gas y el petróleo se están volviendo recursos muy escasos en el país, va cambiando esta situación, pero de manera muy lenta.

El impacto ambiental de este sistema de obtención de energía es bajo. Es sobre todo estético, porque deforman el paisaje, aunque también hay que considerar la muerte de aves por choque con las aspas de los molinos.

La explotación del viento a gran escala en nuestro país sólo será posible cuando los componentes críticos de los molinos (caja multiplicadora, aspas, sistemas de control y protección, generador, electrónica) sean diseñados y fabricados en Argentina. También van a desempeñar un importante papel las regulaciones a la industria eléctrica, así como los incentivos por parte de los gobiernos. Las políticas eficaces ayudarán a allanar el camino y asegurarán de que la energía eólica pueda competir con otras fuentes de energía en el mercado de la electricidad.

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